Pregón 2016

Semana Santa 2016

Fotografia propiedad de Fotocyanejea

Buenas noches.

Saludo, en primer lugar, a vuestro obispo, Don Julian Ruiz Martorell, compañero y buen amigo ya desde el Semianrio de Zaragoza; al Vicario General, Don Nicolas López; al Prior de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, Don Fernando Altemir Pardo, párroco de Santo Domingo y San Martín; a los consiliarios y hermanos mayores de cada cofradía; a las distintas autoridades y a cuantos integran esta gran familia de “testigos del resucitado” en la capital del Alto Aragón.

¡Gracias a cada uno por vuestra presencia!

¡Gracias a la oportunidad que la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, — cuyo medio milenio de vida la acredita no solo como la decana sino como “alma mater” de la semana santa oscense — me ofrece de PREGONAR el gran misterio del AMOR!

Os invito a componer vuestro propio PREGÓN, en esta SANTA SEMANA, y a GRITAR conmigo esta noche que el crucificado vive, aunque a muchos les moleste. Gracias por ponerle tu rostro y tu nombre.

Estos tres gritos van a articular mi PREGÓN:

 

PRIMER GRITO: “¡EL CRUCIFICADO VIVE!”

Justo el año que regresé de Roma apareció en algunos autobuses urbanos de varias ciudades españolas la siguiente campaña publicitaria: “Problablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de tu vida”. Es, sin duda, lo que algunos intentan inculcarnos con el dudoso deseo de hacernos más modernos, más libres, más auténticos, más felices y más fecundos.

Aunque desgraciadamente es lo que, en nuestra generación tecnológica y globalizada, muchos de nosotros respiremos y vivamos en el ambiente, no somos tan ingenuos como para ignorar ni enterrar la Herencia y la Tradición que nuestros abuelos nos legaron. Aquellos hombres y mujeres del Alto Aragón, recios y nobles, humildes y sencillos pero no tan cándidos ni necios como algunos creen, supieron fecundar una humanidad divina, encarnando los valores y criterios de respeto, dignidad y fraternidad que Jesús ofreció en su Evangelio. En Dios encontraron consuelo y esperanza, presencia y cercanía.

Permitidme que grite con vosotros y reivindique como Miguel de Unamuno: una señal, una tan solo, que desvele el rostro de Dios entre nosotros. Una respuesta que aclare nuestras dudas: “Señor, si existes, ¿por qué te escondes?, ¿qué hay más allá de nuestra vida?”:

“Señor, Señor, ¿por qué consientes
que te nieguen los ateos?
¿Por qué, Señor, no te nos muestras
Sin velos, sin engaños?
¿Por qué, Señor, nos dejas en la duda,
duda de muerte?
¿Por qué te escondes?

¿Por qué encendiste en nuestro pecho el ansia
de conocerte,
el ansia de que existas,
para velarte asi a nuestras miradas?
¿Dónde estás, mi Señor; acaso existes?

Una señal, Señor, tan solo,
una que acabe
con todos los ateos de la tierra;
una que de sentido
a esta sombría vida que arrastramos.
¿Qué hay más allá, Señor, de nuestra vida?

— Miguel de Unamuno —

 

Sirvan, como cuasi profesiones de fe, el testimonio de algunos científicos y humanistas que abriendo los ojos de la razón y del corazón, han sido capaces de descubrir vivo al crucificado:

 

Un astrónomo (antiguo y nuevo)

Johannes Kepler (1571 – 1630). Uno de los mayores atrónomos: “Dios es grande, grande es su poder, infinita su sabiduria. Alábenle, cielos y tierra, sol luna y estrellas con su propio lenguaje. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida que mi limitada inteligencia puede comprenderla”.

Allan Sandage (1926 -). Astrónomo profesional, calculó la velocidad con la que se expande el universo y la edad del mismo por la observación de las estrellas distantes: “Era casi un ateo practicamente en la niñez. La ciencia fue la que me llevó a la conclusión de que el mundo es mucho mas complejo de lo que podemos explicar. El misterio de la existencia solo puedo explicarmelo mediante lo sobrenatural”.

 

Un físco (antiguo y nuevo)

Newton (1643 – 1727). Fundador de la fisica teórica clásica: “Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos un inmenso océano. La admirable disposición y armonia del universo, no ha podido sino salir del plan de un Ser omniscente y omnipotente”.

Charles Townes. Compartió el premio Nobel de física 1964 por descubrir los principios del láser: “Como religioso, siento la presencia e intervención de un ser Creador que va más allá de mi mismo, pero que siempre está cercano, la inteligencia tuvo algo que ver con la creación de las leyes del universo.

 

Un matemático

Causs (1777 – 1855). Uno de los más grandes matemáticos y científicos alemanes: “Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a quien en todo nuestro quehacer solo hemos podido vislumbrar”.

 

Un cofrade cualquiera.

“En una calle cualquiera
me he encontrado con Jesús.
yo iba pensando en mis cosas,
Él cargaba con la cruz.
Me pidió ayuda al mirame,
yo la cabeza volví
buscando hacerle pensar
que no le reconocí.
Por temor a dar la cara
no quise ser cirineo;
me venció la cobardia,
me sentí esclavo del miedo.
Por temor a dar la cara
le dí la espalda a Jesús.
Seguí pensando en mis cosas
y Él prosiguió con la cruz.
En una calle cualquiera
yo me encuentro cada día
con un mar de nazarenos
que, a lomos de la insjusticia,
castiga a la humanidad
y es una cruz infinita
que tan solo se soporta
si es una cruz compratida.
Yo sé muy bien que esa cruz
que arrastramos por la vida
es la misma que por todos
llevó el Nazareno un día”

— Poema anónimo —

 

Evoca lo que de forma anónima vivirán en esta semana muchos de nuestros vecinos en los diferentes pueblos del Alto Aragón.

 

SEGUNDO GRUTO: ¡EL CRUCIFICADO VIVE, AUNQUE A MUCHOS LES MOLESTE!

Eliminar a Dios, quitarlo de nuestra vida ha sido, desde antiguo, la primera tentación de todo ser humano. Matarlo –o cuando menos ignorarlo y silenciarlo—para poder, en el fondo, suplantarlo.

¡Podremos matar a Dios pero jamás acallar su voz! La voz que resuena en tu interior.

Y desvela como canta Lope de Vega la magnificiencia del amor y de la paciencia de Dios de la que he sido objeto:

 

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mio
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuanto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frio
secó las llagas de plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respndía–,
para lo mismo responder mañana!

— Lope de Vega —

Toda la creación se siente hoy, como nunca, amenzada. La humanidad entera vive momentos de incertidumbre y de pesar. Pero, en verdad, sólo el ser humano, capaz de abandonarse en Dios, es la única criatura que realmente está amenzzada. Amenazada no de muerte, ni de vacío, ni de sin sentido, sino de vida y resurrección.

Esta es mi humilde convicción que quisiera compartir esta noche con vosotros: “La vida, la verdadera vida, comienza con la primera arruga que nos sale en la cara; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras manos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se desvanece y se aleja, de pronto, frente a nuestros ojos. Así empieza la resurección. La vida “otra”.

Los que creemos en Jesucristo nos sabemos amenzados si, pero no de muerte sino de resurrección porque en Él, en Jesucristo descubrimos el Camino, la Verdad y la VIDA aunque esté crucificada.

Durante esta semana que va desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua celebraremos el misterio central de nuestra fe. En ella se condensa y sintetiza lo que es y significa toda la vida y su destino. Esta semana se mueve entre tres aclamaciones: “¡HOSANNA al hijo de David!, ¡CRUCIFICALE, CRUCIFICALE!, ¡ALELUYA, CRISTO HA RESUCITADO!”. Y dos descubrimientos: descubrirnos hijos de nuestros padres humanos hasta reconocernos hijos de Dios, conscientes de correr la misma suerte que Jesús de Nazaret. Lo humano y lo divino se funden y actualizan la obra redentora.

 

TERCER GRITO: ¡EL CRUCIFICADO VIVO, AUNQUE A MUCHOS LES MOLESTE! GRACIAS POR PONERLE TU ROSTRO Y TU NOMBRE.

Bastaría con que abrieses tus ojos, como canta Gloria Fuertes, para descubrir a Dios y ponerle rostro y nombre:

“Quédate en silencio,
mírate a la cara.

El misterio de que veas y sientas, ¿no basta?
Pasa un niño cantando,
tu le amas:
ahí está Dios.

Le tienes en la lengua cuando cantas,
en la voz cuando blasfemas,
y cuando preguntas que dónde está,
esa curiosidad es Dios, que camina por tu sangre amarga.

En los ojos le tienes cuando ríes,
en las venas cuando amas.

Ahí está Dios, en ti;
pero tienes que verle tú”.

— Gloria Fuertes —

¡Gracias, por prestarle tu rostro! ¡Gracias, por ponerle tu nombre! ¡Gracias, por ofrecerle tu vida!; ¡Gracias, por procesionar tu “PASO”, por prestarle a Cristo tus ojos, tus labios, tus manos, tus pies, tu corazón! Y devolver a la humanidad su VIDA, su DIGNIDAD, su LIBERTAD, su FELICIDAD. Y decirle al Señor, con fuerza, cuenta Señor con todos tus hermanos de la “Cofradia de Nuestro Señor atado a la columna”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Prendimiento”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Cristo del Perdón”; con todos tus hermanos de la “Cofradía de San José y Santa Ana”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Santo Cristo de los Gitanos”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Santo Cáliz”; con todos tus hermanos de la “Cofradía de la Preciosísima Sangre”; con todos tus hermanos de la “Cofradía de Santiago”; con todos tus hermanos de la “Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno”; con todos tus hermanos de la “Cofradía de la Dolorosa”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Ecce Homo”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Cristo de la Esperanza”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Santo Cristo de los Milagros y San Lorenzo Mártir”; con todos tus hermanos de la “Cofradía del Descencimiento y las lágrimas de Nuestra Señora”.

Cofrades del Alto Aragón, sed en nuestros pueblos “centinelas de la aurora”, “cirineos del crucificado”. ¡Que resuenen los tambores! ¡Reventad vuestros bombos! ¡Despertadnos del letargo en el que estamos! ¡Procesionad al Dios que pasa perdonado! ¡Anunciad el gran misterio del AMOR CRUCIFICADO! ¡Tocad, pues, con fuerza los tambores! ¡Ensangrentad los bombos hasta que logremos reencontrarlo!

No dejéis muerto al Señor en vuestra vida. Id más allá del viernes santo. Abrazad su cruz. Traspasdle vuestras “llagas”. Aguardad la aurora de la pascua. Entenderéis entonces cómo tanto dolor, sacrificio, cruz y muerte no habrán sido en vano, sino únicamente el pórtico inevitable que te abre las puertas de la gloria.

La medalla que con tanto orgullo colgáis de vuestro cuello, simboliza el “PASO” que cargáis sobre los hombros. Es el trostro desfigurado de Jesús, de los que no tienen rostro. Coged vuestra medalla entre las manos. Miradla. Estrechadla en vuestro pecho. Experimentad conmovidos la alegria que engendra vuestra entrega generosa. No la recojáis en todo el año. No la guardéis con vuestra túnica. Dejadla en la mesilla. Escucharéis sorprendidos cada noche cómo resuena en silencio tu corneta, cómo retumba tu tambor. Sé auténtico. Atrévete, como Jesús, a ponerle rostro a los sin rostro, a ser bálsamo de Dios por medio de tus labios. De cuántos has sido su caricia. Sólo así perpetuarás la PASCUA cada día. Y antes de cerrar tus ojos, cada noche, eleva léntamente a Dios esta oración que condensa la esencia de tu vida: GLORIA LA PADRE. GLORIA AL HIJO. GLORIA AL ESPIRITU SANTO. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. AMEN.

Muchas gracias.

Mons. Ángel Perez Pueyo.
Obispo de la Diócesis Barbastro – Monzón.